Montoro y la reducción de tramos del IRPF



Noticia de hoy que ha pasado, más o menos, sin pena ni gloria:

Montoro anuncia que el IRPF tendrá cinco tramos en vez de siete a partir de enero

Sí, ha hecho el anuncio, y poco más. Pero reducir la cantidad de tramos de IRPF significa favorecer a los que más tienen. Veamos un ejemplo: el histórico de un siglo de impuestos de EE.UU., desde 1913 hasta 2013 (las cantidades están ajustadas, contando inflación, a dinero del año 2013, para que sea más comprensible).

Si nos remontamos a los años 50 en ese histórico, veremos que hay unos 25 tramos de impuestos, lo que hace que el porcentaje sea más ajustado a los que gana cada uno. Llama también la atención que el tramo de más imposición este gravado con un 90%… y seguían habiendo ricos en EE.UU.

Si vamos avanzando por ese histórico y vamos teniendo en cuenta quién gobernaba en los diferentes años, veremos que quienes mantuvieron un menor número de tramos fueron, cómo no, Ronald Reagan, adalid del neoliberalismo. En 1988, llegó a reducir los tramos a ¡2!, de forma que pagaba el mismo porcentaje alguien que ganase 34.000 dólares que alguien que ganase millones:











Pero es que en eso consiste el "truco" de reducir los tramos: ¿a qué cantidad ajustas el porcentaje a pagar en un tramo concreto? Naturalmente, a la cantidad más baja, sería injusto que el que menos gana de ese tramo tuviera un porcentaje mayor porque existan, en ese mismo tramo, quien gane más que él. Y eso es justo si los tramos son adecuados, si no son demasiado amplios, de otro modo pasa lo que se ve en la imagen anterior: está beneficiando a los ricos. Progresividad del impuesto = nula.

Y esta noticia de Montoro que ha pasado sin pena ni gloria es un clavo más en el ataúd de la equidad, de hacer que paguen más los que más tienen, es un gesto más hacia los poderosos, hacia los ricos.

España, país de señoritos, o "Los Santos Inocentes"

La familia de Paco el bajo en "Los Santos Inocentes" (1984)
Delibes escribió "Los Santos Inocentes" en 1981, ambientándola en un cortijo extremeño de los '60, pero cualquiera diría que es un retrato,  una caricatura reciente de la sociedad en la que vivimos.

Los señoritos siguen campando a sus anchas en este país, sus actitudes les delatan: el incidente de Esperanza Aguirre con los agentes de movilidad de Madrid, el de María Dolores de Cospedal colándose por delante de la gente haciendo horas de cola en Toledo para acceder a la exposición sobre El Greco, o el de Rajoy compareciendo ante la prensa en una pantalla de plasma, no dejan de ser anécdotas, pero que muestran la actitud de los que nos gobiernan. La clase gobernante, diría yo, pues tienen una serie de privilegios ajenos a la población en general,  y unas actitudes dignas de una clase aparte, de una clase que se cree por encima del resto. No son los servidores públicos, los guardianes del interés público, los representantes del pueblo y de su voluntad, no: son los nuevos señoritos.

Hasta ahora, prácticamente ninguna de las causas judiciales que hay abiertas contra altos cargos políticos o que investigan enormes tramas de corrupción en partidos políticos y sindicatos han resultado en condenas, pero es que ni siquiera en dimisiones por responsabilidad política. Y eso que los que deben tomar la decisión de dimitir o cesar a cargos bajo su responsabilidad son los mismos que, cuando han estado en la oposición, han reclamado al oponente lo mismo que ellos son incapaces de cumplir ahora: dimisiones en casos de corrupción, aunque hubiera tan solo la sospecha, indicios de delito, una imputación judicial.


Pero lo peor, siendo eso malo de por sí, es que la actitud de los imputados, de los responsables de los partidos implicados, es de una altivez y una chulería digna del señorito español que narraba Delibes en su obra y que tan magníficamente adaptó Mario Camus. El grado de humillación a la población, haciéndole pagar por una crisis que no ha provocado, creando unas leyes pensadas para aumentar la distancia entre gobernados y gobernantes, para separar aún más las clases altas de las medias y bajas, estafando a las familias con tal de hacerse con sus ahorros, es similar a la del Señorito Iván tratando a Paco el bajo poco más que como un perro, es similar al de ver a la niña chica sufriendo sin recibir el tratamiento que necesitaría (ahí todavía no se lo habían recortado, ni siquiera lo tenía), es similar al del señorito matando la milana bonita de Azarías porque le espantaba la caza, tomando como suyo algo que no lo era y, en general, despreciando la dignidad y los derechos de los que dependen de él.

Y nuestros señoritos no tienen recato en justificar las conductas más poco éticas con la mayor desfachatez, como si fuera un derecho divino, un derecho de sangre, pero, esta vez, adquirido por vía del cargo político que les ha permitido, con malas artes, enriquecerse con ese dinero público que no es de nadie. En definitiva, estamos delante de la nueva aristocracia, la que vive en palacios y da fiestas y vive la gran vida mientras el pueblo pasa penalidades sin fin, esa aristocracia que recuerda a la Maria Antonieta de "Que coman pasteles" cuando el pueblo le reclamaba que no tenían ni pan para comer.

Y, salvo honrosas excepciones, como el PAH, el 15M, las marchas verde y blanca, la ciudadanía está adormecida, demuestra la misma sumisión de Paco el bajo, que, incluso con una pierna quebrada, no duda en seguir haciéndole el juego al señorito, no duda en seguir siendo su perro, por miedo a lo que todavía podría perder.

¿Tendrá que ser un Azarías cualquiera, un inocente al que le han arrebatado aquello que era suyo (la casa, sus ahorros, las ayudas para un familiar gran dependiente) el que, por pura desesperación y por falta de una justicia real (si tarda, no lo es), acabe cometiendo una locura, el que acabe descerrajando un escopetazo a un banquero o a un político, a un señorito al fin y al cabo?

Digo yo que ya va siendo la hora de reclamar a los políticos, a la casta, a los señoritos, un atisbo de decencia, una pizca de honradez, de comportamiento ético, de responsabilidad moral, y para eso se necesita que la mayoría de los ciudadanos esté dispuesto a poner de su parte, a exigir a los señoritos que se vayan a sus casas, que dejen sitio a personas con otras actitudes, con un auténtico ánimo de servicio público, con un verdadero interés por defender lo público.


ONO y su servicio de correo electrónico, y su pésimo servicio de atención al cliente

Acabo de colgar el teléfono tras una conversación con un operador de ONO, David, a las 11:38 del 9 de Enero, al hilo de una avería de correo electrónico, que ha dejado de funcionar. Después de las pruebas de rigor, efectivamente comprueba que el correo no funciona por algún problema de ellos, no mío. El caso es que llamé ya el día 27 de Diciembre, y me dijeron que lo solucionarían en 24/48h, y volví a llamar anteayer, y que lo ponían urgente, en 24h. Iluso…

-Ya me abrieron incidencia el día 27, número tal, y volví a llamar anteayer.

-Pues con ese número no me consta una incidencia, sino una petición de servicios.

-Pues yo no he pedido nada, excepto que me reparasen el correo.

-Bueno, pues abrimos otra incidencia y la paso a los técnicos.

-Oiga, mire, que ese es el correo que usa mi esposa para trabajar, y ahora mismo está incomunicada, es profesora de un master online y es el correo que usa para sus clases, por lo que le pediría que no se demorasen en solucionarlo, que ya llevamos dos semanas con el tema.

-Sí, claro, no se preocupe. De todos modos, el servicio de correo electrónico de ONO es gratuito, hoy puede estar y mañana no, así que yo no lo usaría para cosas importantes…

-¿Cómo?- le digo, incrédulo

-Sí, que para que me escriba mi prima y esas cosas está bien, pero para cosas como comunicarse con sus alumnos y cosas así, importantes, yo no lo usaría. Para cosas importantes, GMail o algo así.

-¿Pero usted sabe lo que me está diciendo? Eso es una malísima publicidad de los servicios de Ono…

-Ya, pero es que es gratuito, y…

-Perdone, pero no es gratuito, va incluido en el pack de servicios que abono con mi cuota.

-Ya, pero Ud. no paga por él. Imagínese que pagara 1€: eso sería un servicio pagado.

-Ya, pero es que por el servicio contestador tampoco pago, pero va incluido en la cuota.

-Además, ¿Ud. sabe que si dejara de ser cliente de Ono se borrarían sus cuentas de correo?

Para entonces, ya estaba empezando a calentarme, porque lo único que quería es que me solucionaran el problema.

-¿Entonces en que quedamos? ¿Es gratuito o sólo si estoy pagando, como cliente, una cuota mensual?

-Oiga, que yo sólo estoy intentando ayudarle…
-No, lo que Ud. está haciendo es intentar justificar su mal servicio, ya que han pasado dos semanas desde que llamé por primera vez, diciendo que no tienen responsabilidad ninguna en la calidad del servicio porque es gratuito. Lo que debería hacer es hablar con su supervisor…

-Pues con el supervisor no le voy a pasar…

-Me da igual, enviaré un burofax con la queja. A ver, deme su nombre y su número de empleado.

-Me llamo David, y mi apellido y n.º de empleado no se los voy a dar, que si no los clientes vendrían a buscarme a casa.

A pesar del cabreo, me he sonreído: este tipo es un inepto. Ya en un tono algo más elevado:

-¡Mire, no voy a perder más tiempo con Ud., lo que quiero es que me solucione el problema con el correo, que hace dos semanas que debería estar solucionado! ¡Imagínese que se lo estuvieran haciendo a Ud.!

-Es que si me lo hicieran a mi, lo que yo no haría es culpar al operador que me habla de las acciones de otro compañero…

-¡¿Pero entiende Ud. que cuando yo llamo con una avería no hablo con David el operador, sino con un representante de Ono, hablo con la empresa?! ¡Si unos compañeros suyos la han cagado, la ha cagado ONO, y si ahora hablo con Ud., hablo con Ono, y quiero que Ono me solucione el problema! ¡Y si no me lo solucionan, igual tendré que buscarme otra empresa en la que me traten mejor, incluso después de 13 años como cliente!

-A ver, tómese nota del número de incidencia.

-Tomado.

-Buenos días, le dejo con una encu…

-Adiós- y he colgado

Así que, si hay que hacer caso a David, el operador de Ono, que supongo que habla en representación de Ono, su servicio de correo electrónico no es fiable más que para tonterías, que como es gratuito… Y para cosas importantes me ha recomendado GMail, que es de pag… Oh, wait!!!

Actualización (16:00): parece que la bronca ha valido la pena, parece que la incidencia está solucionada. 

 

Si son de Pepephone, las decepciones son más [SOLUCIONADO]

Yo uso Pepephone en mi teléfono, en la Red los ponían por las nubes y me cambié, a ver qué ocurría. No tardaron en justificar las alabanzas que recibían: me aplicaron una bajada en el precio de las llamadas ¡sin solicitarlo! Para mí, algo increíble hasta ese momento.

Y eso ha ocurrido varias veces desde entonces, no sólo en forma de bajada de precios, sino como aumento de los megas a consumir, en mejoras en las condiciones, etc.

Por todo ello, no he dudado nunca en recomendar Pepephone a mis amigos, a mis familiares y, de hecho, a cualquiera que me pidiera consejo sobre un proveedor de telefonía. Hasta ahora…

Recomendé Pepephone a mi padre, ya jubilado, hablándole de sus bondades, de los precios bajos que ofrecían, de lo bien que trataban al cliente, de sus compromisos. Y mi padre hizo caso de mi recomendación y se cambió. Y todo bien, hasta que Pepephone ha decidido cortarle la línea por un error que ellos han cometido.

Mi padre tenía tarifa de voz y datos, pero en Junio decició que no quería la tarifa de datos, así que llamó a Pepephone para que cortaran ese servicio. Al mes siguiente le vino un cargo por uso de datos. Vale… "Habrá sido un error, igual yo no me expliqué", pensó, así que pagó ese cargo y volvió a llamar el mes siguiente, y el operador que le atendió le dijo que el teléfono se seguía conectando por su cuenta. Le podría haber dicho a mi padre, que no se maneja en estos líos de informática y configuraciones, cómo borrar los datos de acceso a los datos móviles, pero por lo visto no se le ocurrió. Así que mi padre fue lo más claro que supo y pudo: "Mire, no quiero el servicio de internet, no quiero la opción de poder utilizarlo, quiero que lo desconecten, que el teléfono no se pueda conectar aunque quiera, que incluso si yo voluntariamente decido conectarme, NO PUEDA."

Podría parecer que es suficientemente claro, pero parece que no lo suficiente para los agentes del servicio de atención al cliente de Pepephone: al mes siguiente le vuelve a llegar un cargo de uso de datos. Mi padre, harto, da orden al banco de que pague sólo la parte correspondiente al uso del teléfono, y les llama para decirles lo que ha hecho y por qué. Resultado: Pepephone le ha cortado la línea.

Recuerdo haber recibido un mensaje de Pepephone en el que decía que el cliente era lo primero, y que si el cliente se quejaba de un cobro indebido, primero le devolverían el dinero y después resolverían la incidencia, pero parece que esa carta no se la enviaron a mi padre, y ahora está sin teléfono.

No me voy a cambiar de compañía porque yo, personalmente, no he tenido ningún problema con ellos, pero ahora me lo pensaré dos veces antes de recomendar Pepephone a alguien más, porque al primero al que llamó mi padre para contarle lo que le había pasado con la compañía que yo le recomendé fue a mí, fui yo el que le insistió en que la compañía tenía buenos precios pero que, sobre todo, era una pasada en la atención al cliente, y fue por eso por lo que se cambió, harto de los mangoneos de movistares y vodafones. Y ahora resulta que Pepephone es una más del montón, que todo va de perlas mientras no hay problemas, porque cuando los hay se comportan igual que todas las demás. En fin…

Eso sí, ya veremos que ocurre cuando llegue el primer problema.


ACTUALIZACIÓN 25/9/13

Nadie está libre de equivocarse, de cometer un error, lo importante es cómo afronta la situación, cómo le da solución, y me alegra pensar que no me equivoqué al recomendar Pepephone: a pesar del traspiés, han dado una pronta y satisfactoria solución al problema, a saber:

1. Abonan la factura impagada.

2. Rehabilitan los servicios, salvo el servicio de datos (NAM).

3. Solicitan que se borre la configuración de Internet (APN) del móvil. (Todo este jaleo no se hubiera producido si esto mismo se lo hubiera dicho a mi padre el operador que lo atendió)

4. Advierten sobre la importancia del punto anterior, insisten en que verifiquemos la configuración del móvil.

5. Abonan el importe de consumo de datos que el móvil haya realizado per se.

6. Incidencia resuelta.

Gracias, Pepephone, no sólo por haber solucionado el problema de mi padre, sino por devolverme la confianza a la hora de recomendar vuestros servicios a otras personas.

Por cierto, un mensajito a los bocachanclas de Menéame (ellos saben quienes son): no supe nada del asunto hasta que mi padre ya estaba sin línea, así que difícilmente le podía yo configurar nada, pero eso no es lo importante. Lo importante es que un cliente ha tenido un problema y, en un principio, la compañía le ha perjudicado por un error propio. ¿Que el cliente lo podría haber hecho mejor? Sin duda. ¿Que no debería haber devuelto la factura? Tal vez. Pero lo que es seguro es que no tiene la obligación de saber como configurar un acceso a internet. La inmensa mayoría de personas de cierta edad no saben hacerlo, y si ello fuera requisito indispensable para tener un móvil con WhatsApp, las compañías de telefonía tendrían la mitad de líneas de las que tienen. ¡Joder, que mi esposa tiene poco más de 40 años y no tiene ni papa! Y ni ganas. Y si no me tuviera a mí, recurriría a la compañía que le presta los servicios, que es la que le tiene que informar de como activar o desactivar opciones, que, al fin y al cabo, para eso le paga.